EMERGENCIA NACIONAL & ESTADO OMISO




El problema no es morirse, ni saber que nos vamos a morir. No hay certeza humana más absoluta que la muerte. El problema es que esto te mate, en el contexto de un Estado omiso, cuyas autoridades se comportan de una manera absurda ante la emergencia nacional.

Por: Marina Morelli Núñez 

He dedicado horas y más horas de esta cuarentena, a intentar buscar un Estado en el mundo, cuyas autoridades se hayan comportado de manera similar ante una emergencia nacional. Repasé datos, leí, metí horas de videollamada con gente que anda lejos, le seguí el rastro a las acciones e intercambié correos con personas. Pensé luego, y he concluido que definitivamente no hay modo, que algo en otro lugar del mundo – cercano o lejano- se asemeje a lo que estamos viviendo en este país.  Si se construyera el top ten de Estados omisos, Uruguay por lejos lidera el ranking.

Sucede que cuando un Estado no está a la altura de estilo que requiere una emergencia nacional, se derivan innumerables consecuencias que con cierta lógica se van concatenando y allanan el camino para que esto te mate o en el mejor de los casos sobrevivas con las secuelas propias de una vida que en poco y nada vale para el sistema.

Y necesariamente ya llegó el tiempo de poder evaluar, porque ante una declaración de emergencia nacional, no es necesario aguardar un quinquenio o una década para pronunciarse enfáticamente sobre lo que se hace bien o lo que se hace mal. De hecho, los planes tienen un plazo para el inicio que es urgente y no puede superar más que un par de días y otro para su ejecución, porque no existe emergencias eternas.

Resultado de imagen para mujeres violenciaNuestro Estado Uruguayo, reconoce que existe una emergencia nacional, pero desde entonces no diseña ni aplica un plan para afrontarla, esto significa que no definió políticas, organización ni métodos para ese plan. Tampoco diseña ni aplica un plan de contingencia -como componente del anterior y por lo tanto no define procedimientos específicos para la pronta respuesta. Si bien, la puesta en marcha de todo plan de emergencia y de contingencia no admite la más mínima demora, lo cierto es, que el Estado Uruguayo solo hace la plancha en un mar de muerte, daño, terror y desesperación. El Estado no convocó a las personas que tienen destacado conocimiento en la temática para que brinden su saber y permitan delinear estratégicamente la salida a la emergencia. Y si bien crea un Comité, lo cierto es que tan poco importa la emergencia, que el mismo no está operativo. Y cuando digo operativo, no me estoy refiriendo a una reunión de horario de oficina en la tarde, llena de solemnidad, paredes suntuosas y te, Los Comités que afrontan emergencias están con los pies en el barrio y en el barro. Todo lo demás, cantarola lujosa y vulgar.

Cuando pasaron las horas y luego los días y no se avizoraba ninguna acción estatal coherente con la declaración de emergencia, solía preguntarme si esta gente duerme bien. Era una duda que me acompañaba. Quiero decir, si los pasados gobernantes del Frente Amplio y los actuales del Partido Nacional con responsabilidades directas sobre la declaración de la emergencia nacional, pueden conciliar el sueño. Dos por tres, creo que deben sufrir culpa, insomnio o al menos una profunda vergüenza ante tanto discurso y pose, que luego se diluye en la nada misma. Me pregunto si continuarán sus vidas con normalidad, si quizá al saber de las muertes, de la ausencia de prevención o de protección, razonarán que su descarada omisión tiene una conexión causal con la realidad. En definitiva, eso no lo sabré.

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El gobierno que tuvo el mando hasta el 1 de marzo próximo pasado, no ignoraba lo que significaba declarar una emergencia. A lo largo de quince años afrontó muchas y de diversa naturaleza, por lo tanto, le constaba que en las emergencias nacionales no hay espacio para simbolismos. Todo es muy real, como real es la emergencia y la gente que la sufre.

No habían transcurrido 24 horas de declarada la emergencia nacional cuando escribí EMERGENCIA NACIONAL: hay declaración falta plan, con el optimismo de estar viviendo algo que parecía un quiebre histórico, aunque reconocía también que en cuestiones de estados de emergencia era obvio que la industria ganadera tenía más experiencia que la ciudadanía en general, porque vivimos en un país en el que históricamente las vacas han importado más que las mujeres. 

Al tiempo de escribir estas líneas ya han transcurrido 2.016 horas ocupadas a nivel estatal por dos presidentes de diferentes partidos políticos que no han reparado en experticia, en diseño de planes de emergencia ni contingencia, en cambios procedimentales y operativos, ni en el funcionamiento real y efectivo de un Comité que se encargue de la situación. A los medios de comunicación la emergencia les intereso durante las primeras 72 horas de ser declarada, digamos que exactamente proporcional al tiempo que la noticia vende. Ya luego no se ocuparon más. No es un tema importante.

Resultado de imagen para escudo gobierno uruguayY será por esas circunstancias que nos acompañan como humanidad, que luego llegó otra declaración de emergencia que fue la agropecuaria. Y ahí sí, que no hay ignorancia, omisión, ni desinterés político: la Comisión de Emergencias del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca activo más de 8 millones de dólares para atender esa emergencia como se debe, 5.000 productores familiares menores a 500 hectáreas en condiciones de acceder a los beneficios, productores de frutas, verduras y miel con emergencia atendida. Y para acceder al beneficio ni tenes que moverte del campo, porque alcanza con completar un formulario vía web. En fin… el Estado Uruguayo haciendo lo que hay que hacer.

Y luego nos vino otra declaración de emergencia, esta sanitaria por el COVID19, y nuevamente el estado toma las medidas de prevención y protección, hace los cambios operativos, suspende clases, flexibiliza seguros de paro, destina recursos, emite decretos, fomenta el teletrabajo, hace apps, convoca a personas expertas para que intervengan y lo demás de esta historia, ya todas las personas lo saben. En fin… el Estado Uruguayo haciendo lo que hay que hacer.

Entonces, no es que el Estado Uruguayo no sepa qué hacer cuando hay una declaración de emergencia nacional. ¡Claro que sabe! Lo cual francamente convierte la omisión en miserable.

Piense por un segundo en la declaración de emergencia agropecuaria y que la respuesta estatal fuera: llevarle tres botellones de agua Salus a cada productor y dos kilos de ración. O imagine que luego de la declaración de emergencia sanitaria, la medida adoptada se resumiera en: hacer una reunión al más alto nivel entre dos jerarquías del estado (sería para que se saluden), la compra de 200 tapabocas, el diseño de dos cursos web para aprender a lavarse las manitos y la difusión de un par de spots en la tv. 

¿Se lo imagina? 

¿Qué nivel de indignación colectiva alcanzaría la ciudadanía uruguaya ante tanta irresponsabilidad?

 Si esas fueran todas las acciones, no dudo que habría una condena generalizada ante tanto desprecio a la vida humana.

Nada de eso ocurre como reacción ante la omisión sistemática y contumaz del Estado Uruguayo luego de declarada la emergencia nacional por violencia hacia las mujeres basada en género.  La vida en sociedad continuó con la normalidad propia de haber presenciado un acto simbólico. Le siguieron homenajes al presidente saliente, aplausos al entrante, las boberías institucionales a las que ya estamos acostumbradas y todo el chirimbolo añadido en torno a los ocho de marzo, que esta oportunidad implicó el deber patriótico de aplaudir que se destine 4 millones de dólares para la compra y puesta en operativa de 200 tobilleras electrónicas.

Hoy leo en la prensa que van a convocar al Consejo Nacional Consultivo porque acaban de darse cuenta el impacto diferencial que tiene en las mujeres, las medidas adoptadas en el marco de la emergencia sanitaria. ¡Vaya descubrimiento! Va de suyo que la cuarentena incrementa el riesgo de víctimas de abuso sexual y otras violencias ejercidas en el marco de las relaciones familiares.  Y por ello debe ser contemplado, junto a medidas concretas que permitan tener cierto control institucional sobre ese factor de riesgo. Que algo tan básico en la temática, demoren una semana en descubrirlo me llena de vergüenza, de espanto ante tanta ignorancia acumulada e irresponsabilidad institucional. Pienso yo, que el tiempo que insume recorrer los medios y trasladarse a una reunión -en la cual ni siquiera hay resolución con naturaleza imperativa o vinculante, ni representantes estatales con capacidad de tomar definiciones institucionales-, la autoridad lo debería estar dedicando a hacer lo que tienen que hacer. Y para eso, no es necesario convocar al CNC. 

Estamos cursando tres emergencias nacionales al mismo tiempo:  la de violencia hacia las mujeres basada en género, la agropecuaria y la sanitaria. Sin embargo, solo dos ocupan al Estado Uruguayo, solo dos tienen planes de emergencia y contingencia, expertos en primera línea, prensa comunicando, recursos materiales asignados en dar respuesta. De la primera, juegan el peligroso juego de fingir que no existe. Pero sepan que si existe.

Una vez más, este Uruguay te obsequia la pose, la ignorancia, la foto, el té de la tarde para mujercitas, el discurso vacío, la soberbia y el poder político, que se mezclan en idéntica proporción para hacernos recordar, -por si estabas distraída en medio de tanta confusión y miedo-, que, si hay algo imperante en la cultura nacional, es el profundo desprecio hacia las mujeres cuya vida continúa jerarquizándose a la baja.

Desde la sociedad civil organizada, desde el movimiento de mujeres y los feminismos, habrá que continuar ejerciendo nuestro derecho de control social sobre todos los poderes del Estado y activar la responsabilidad estatal por omisión y la funcional de todas las personas que debieron ayer y deben hoy, ocuparse de una emergencia nacional declarada, pero siguen mirando para el costado.

Resultado de imagen para 2016Han transcurrido 2.016 horas , y si viene de cuantificar no le va a dar la calculadora para saber:

cuántas están respirando en soledad el horror de su casa

cuántas son las que pariendo son atadas, insultadas y tajeadas

cuántas se aterraron antes de ver la determinación de sus femicidas

cuántas niñas saben que hoy  en la noche de su dormitorio y de su vida, las va a visitar el padre 

cuántas son las personas profesionales que mantienen total y absoluta ignorancia sobre el tema

cuántas son las madres que llevan de la mano a su hijo para entregarlo por un par horas al abusador so pena de ir ellas presas sino cumplen la decisión judicial

cuántas viven teniendo la certeza que su vida no vale nada

cuántas caminan aterrorizadas de regreso a sus hogares

cuántas estudiantes saben que de no aceptar van a reprobar la materia

cuántos golpes de piedras habrá soportado en su cuerpo hasta que dejó de respirar

cuántas mujeres en  whiskerías

cuantas las trabajadoras que por miedo a perder el empleo tienen que aceptar que su cuerpo sea una mercancía

cuántas gurisas sufren arriba de los ómnibus  

cuántas tiemblan de miedo cada vez que reciben la llamada

cuántas son las niñas que el predeterminismo les sella todo su futuro

cuántas son las veces que los medios te indican el deber ser, de nacer o hacerte mujer

cuántas van a mirarse los golpes al espejo e intentar maquillarlos

cuántas son las que no sabemos dónde están

cuántas niñas son entregadas al vecino que tiene una buena jubilación

cuántas adolescentes son quitadas de su familia e institucionalizadas para que allí las explote sexualmente un funcionario publico

cuántas abuelas saben que el final de sus vidas lo determina él

cuántas son transportadas y entregadas a sus explotadores, tal cual una encomienda

cuántas gritan en el silencio mas absoluto

cuántas son las que sus cuerpos han resistido todas y cada una de las violencias

Si la cosa no es humana sino de gráficas y crecimiento exponencial, puede usted intentarlo. Si se asusta, sepa de antemano que no le va a ayudar ni un litro de alcohol en gel.

Yo hace muchos años que dejé de contabilizar, para apreciar quienes fueron, quien son  y quienes serán.

Triste, miserable y absurda nuestra realidad.


                   



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