Ingenuidad o Resistencia
Por: Marina Morelli Núñez

Y de tanto preguntármelo en el
marco de cuestionamientos más amplios, he concluido que la política partidaria
a la uruguaya resulta un espacio apto y muy fértil para el desarrollo de la
individualidad. Es que todo el sistema que la contiene y sus protagonistas, evidencia
una naturaleza meramente electoralista y así declarada. Supongo entonces, que tendrá
que ver con aspiraciones o frustraciones en relación a los espacios de poder, minúsculos
y mayúsculos a los que se accede a través de cargos electos o de confianza, el
status y los beneficios económicos que ello conlleva.
Quizá el aspecto que más rechazo
me provoca en los políticos iluminados es su enorme capacidad de monologar y hacer gárgaras con palabras como
democracia, desarrollo, comunidad, bienestar, entre otros, aunque se den media vuelta y caguen encima de eso. De verdad, me resulta una especie rara. Se
silencian cuando deben hablar, no gestualizan más que falsas sonrisas, acaparan
información para usar quien sabe cuándo, saludan afectuosamente a quien no
conocen, calculan cargos cuatros años antes de las próximas elecciones, hacen
alianza hasta con el más depravado y negocian lo propio con idéntica facilidad
que lo ajeno.
En pocas palabras, digamos que no
me caen bien los políticos iluminados que gobiernan para su superación
individual.
El asunto es que nunca mantuve
contacto asiduo con esta gente `repleta de luz`, excepto desde que asumí el
cargo de Concejala en el Municipio de Atlántida. Entonces, de verlos en televisión comencé a cruzarme con algunos de ellos por aquí y otros por allá.
Si bien pienso que en alguna
medida se puede usar la herramienta de gobierno para desmontar el sistema
global que lo contiene, eso supone conformarse con alguna que otra reforma. Y
aunque no me convence demasiado, acepto que lo vengo intentando de manera muy
humilde, acotada por no decir inútil. Por ejemplo, recuerdo haberme fundado en
la propia reglamentación municipal para sacar a los gobernantes de su
inmaculado encierro en una sala de actos. Para peticionar un trimestre de Sesiones
Ordinarias del Concejo en espacios públicos, con la gente rodeando a sus representantes
y pudiendo intervenir, mediante el mecanismo de pase en régimen de comisión general.
Y claro esta ¿quién se atrevería a votar en contra? Nadie lo hizo. Lo que si sucedió
durante todo el trimestre, fue la incomodidad. Nunca nadie me confirmo si esa
incomodidad había surgido de carecer de buenos asientos o el aire acondicionado, los mosquitos o la
cercanía al pueblo. Por algunos elementos que manejo, me inclino a pensar que fue lo último.
Y bueno… hubo un par de intentos sistemáticos
para implementar otra forma de hacer política
partidaria. Yo creo que es posible hacer política de otra manera. La cuestión es que los intentos son tan monumentales
como los fracasos. Sólo puedo intentar,
fracasar y volver a intentarlo. Lo he hecho cuantas veces ha sido necesario,
aunque hoy me cuestiono si seguir en este intento vale el esfuerzo. No por mí,
si vale el esfuerzo en el sentido de lo productivo o improductivo que resulta
para nuestra comunidad.
Lo mío no es un rol de representante política a la uruguaya.
Definitivamente, a esta altura lo mío en
el ámbito municipal constituye un estado de resistencia continua, que me valió
en los últimos meses la recurrente calificación de ingenua en relación a la política.
Por ahí se ha dicho que pese a
los cargos de carácter honorarios, se comenzara a entregar una suma de dinero
mensual a los concejales/as. En el colectivo al que pertenezco, hemos decidido que
no tomaremos para nosotros un solo peso, pues cuando aceptamos entrar en el
proceso de descentralización entendimos
que no se generaba una nueva clase de políticos y que tampoco se encarecía el
estado pagando sueldos a nuevos cargos. Se nos ocurrió que si ello llega a
acontecer, puede ser una buena idea entregar ese dinero completo a las organizaciones
populares o ni siquiera tomarlo. ¿Que me dijeron? Ingenua.
Me electrice cuando tome
conocimiento que un hotel de cinco estrellados se instalaría en mi pueblo. Sucede
que este tipo de macro emprendimientos provoca impactos negativos a nivel
social que se deben prevenir estratégicamente. Y también se debe asegurar mano
de obra local no solo para la construcción, también durante el funcionamiento, el impacto ambiental, en fin... Pensé que
seguramente antes que se ejecutara una operación de ese tipo, el Municipio
tendría posibilidad de intervención mediante consulta u otro mecanismo. ¿Qué me
dijeron? Ingenua.
Cuando escuche hablar de una Casa
de la Cultura muy al estilo atlantidense, situada en la zona más top del
balneario sobre la rambla, razoné que tendría la oportunidad de aportar ideas
para lograr una apuesta por las expresiones culturales que implicarán erradicar
esa tendencia elitista que posee mi pueblito. Era evidente para mí, que al ocupar
un cargo electivo en el Municipio, tendría esa oportunidad de discutirlo en el
seno del Concejo. ¿Qué me dijeron? Ingenua.
Y así, han sucedido otros
variados hechos como por ejemplo un desfile cívico militar para festejar el
centenario de la ciudad, del que nunca el Concejo Municipal tomó decisión, pese
a que las invitaciones que se repartían se hacían en nombre del Municipio. Uno
tras otro, se vino el hecho consumado por los iluminados.
Yo no creo que mi relación con la
política partidaria sea de ingenuidad. Más bien me inclino a pensar que las
individualidades exacerbadas de los políticos iluminados rinden más frutos que
mi estado de resistencia a convertirme en enteramente funcional al sistema. Es
que todo este sistema está montado para su éxito y seguramente nuestro
relativo fracaso.
¿Por qué relativo? pues si de
lograr las transformaciones se trata, creo en las organización popular por
encima de la herramienta de gobierno, así que desde este último espacio se hace
lo que se debe hacer sabiendo las limitantes del resultado.
Y quizá, algún día veamos cómo se
oscurecen los iluminados ante un pueblo que logre superar el concepto de ciudadanía
limitado a emitir el voto cada cinco años y modifique así, la ya tradicional manera de hacer política
partidaria en este país.
(entre tanto dejo constancia que no pego ni con moco)
(entre tanto dejo constancia que no pego ni con moco)
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