La pena y los guiños del sistema

Por: Marina Morelli Núñez


A pocos días de haberse encontrado el cuerpo sin vida  de Valentina,  conocí a la Fiscal Bujarín quien llevaba adelante la investigación.  Sin dudar acepté  la propuesta de colaborar en la causa: tendría que analizar el cúmulo de medios probatorios que eran parte del expediente, a partir de allí expedirme de manera fundada respecto a si esa muerte violenta desde el punto de vista estrictamente jurídico configuraba, o no, la agravante muy especial de femicidio. Algunos meses después debí concurrir a audiencia y a escaso metro y medio de ambos femicidas, fui interrogada por las partes sobre el contenido de aquel informe que había ingresado a la causa como prueba pericial.

Los treinta años de pena más los quince de medidas eliminativas, es la condena máxima que nuestro sistema permite  para los femicidas y fue la establecida en la sentencia condenatoria de primera instancia. El de Valentina fue el primer femicidio en llegar a la etapa de juicio oral y público y la resolución fue consecuencia de una investigación que implicó al sistema de justicia nacional en nuevos desafíos, muy distintos a los que tradicionalmente enfrenta.  Es por ello que todas las personas convocadas a trabajar por la Fiscal Verònica Bujarin, sabíamos con certeza el enorme valor que tendría ese pronunciamiento, sobre todo para la familia de Valentina que reclamaba justicia. El deber de investigar con seriedad la violencia femicida  requiere contar con profesionales capaces de identificar los factores necesarios para conceptualizar e indagar sobre la existencia de violencia de género, conforme a los tratados y estándares internacionales. La investigación debe ser realizada por profesionales competentes en diversas disciplinas, empleando los procedimientos apropiados y utilizando de manera efectiva todos los recursos a su disposición y con el apoyo de personal técnico y administrativo idóneo.

Ante una conducta femicida el análisis de la misoginia (odio, desprecio o menosprecio) como motivación debe realizarse en función de las conductas ejecutadas con antelación, concomitante y posteriores al asesinato de la víctima, con parámetros objetivos que permitan dilucidar que el factor de odio, desprecio o el de menosprecio está presente en la conducta.  En éste elemento radica la especificidad del fenómeno delictivo enraizado en una cultura de violencia y discriminación por razones de género que la muerte violenta de la mujer habilita o permite perpetuar. Para investigar resulta imprescindible  incluir la perspectiva de género como un enfoque metodológico para el análisis de los hechos, con el objetivo de identificar en la ejecución de la conducta punible los elementos de dolo específico basados en razones de género que la norma exige. 

Hoy conocí la sentencia de segunda instancia que ampara parcialmente los agravios de la defensa y disminuye la pena en un año de condena. La leí varias veces. Intente comprender lo que allí se considera como atenuante: la confesión. No lo comprendí. No se trata de la complejidad jurídica del instituto de la confesión, ni de su regulación normativa; mas bien tiene que ver con saber las múltiples y variadas versiones ensayadas por ambos femicidas para intentar distraer la investigación. Digamos que todas las personas que han seguido esta causa, ya sea desde los medios o concurriendo a las audiencias, pudieron saber que la confesión llegó al expediente cuando no hubo otra opción, dado el avance de la investigación. 

Pero sobre todo, intenté entender lo que no se considera, aquello a lo cual los integrantes de un tribunal de apelaciones ni siquiera nombran: ´femicidio´.

Aprendí hace mucho tiempo que en el Derecho aquello que no se nombra no existe. Por ello fue relevante en su momento legislar sobre femicidio y contar  con una agravante muy especial. 

Aprendí hace mucho tiempo que las sentencias de los tribunales tienen un significado muy especial para la practica forense de los operadores/as del sistema de justicia. Tiene significado aquello que consideran y también aquello que omiten considerar.

Hace un rato alguien me dijo: `estos monstruos van a estar adentro como cuarenta años, así que un año menos no es nada` y yo me quede pensando en todos los comentarios que una y otra vez banalizan  el termino femicidio, en quienes se calman creyendo que los femicidas son monstruos o alienados y sobre todo en quienes recuperan el aliento al conocer la condena.  

Me quedé pensando en el significado de rebajar 30 años de pena a 29, y me horroriza el solo hecho de pensar en la posibilidad de poder considerarlo como uno de esos guiños del sistema.

Imagen relacionadaMírela bien.

Ella es  la niña Johana Valentina Walter Ferreira el día que cumplió nueve años de edad. Ese mismo día, dos hombres jóvenes de su barrio, movilizados exclusivamente por un profundo odio,  desprecio y menosprecio a su condición  de mujer, decidieron acabar con su vida.

No se calme creyendo que son unos monstruos, porque usted la mata otra vez.  

Porque monstruo es tener alguna anormalidad impropia del orden natural y ser de apariencia temible, bien parecido a eso que encuentra en una película de ciencia ficción o con lo que le asustaban para que se tomara la sopa en otra etapa de su vida. Ellos no son monstruos con piel de algún color fantástico, no tienen seis ojos,  antenas de dos metros, cuatro piernas, cinco cabezas, no se esconden en su placard y al verlos su apariencia no es temible. Los femicidas no están en su imaginación y le aseguro que no desparecerán si deja la luz de su cuarto prendida. Este recurso del monstruo suele calmar la indignación de sillón frente a la televisión, pero es tan vulgar como absurdo. 

Cuanto mas recurra a su mundo  de fantasía, más se alejará de la posibilidad de comprender que son dos  personas jóvenes.

No se explique los hechos pensando que estas dos personas son unas alienadas, porque usted la mata otra vez.  

Porque la alienación tiene que ver con un estado mental caracterizado por una pérdida del sentimiento de la propia identidad. Pensar  que tanto horror concentrado puede solo suceder en una especie de frenesí con desorientación y perdida del sentido de quienes eran, es una manera nada sutil de justificar lo injustificable por el camino simplón de patologizar todo. Estas dos personas no solo no perdieron su identidad sino que la reafirmaron en toda su concepción de lo que ser mujer, para ellos significa, con cada acto que ejecutaron con antelación, concomitante y con posterioridad a darle muerte.

No se conforme pensado que ellos no son humanos, porque usted la mata otra vez.

No son naves extraterrestres las que te aterrizan en Uruguay y nos dejan seres extraños de otras galaxias con la misión de violentar sistemáticamente a las mujeres. Aunque usted tenga cierta dificultad de comprensión de la realidad de la comunidad en la que vive y el sistema que la rige, créame si le digo que es muy de humano violar y asesinar a mujeres.

Si  al conocer la sentencia de condena recobró el aliento y su existencia volvió a la normalidad,  usted la mató otra vez.

Porque sencillamente no está entendiendo nada.


Comentarios

  1. Totalmente de acuerdo! Estamos rodeadas de estos tipos...en el trabajo, la calle, la familia!!!

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

Repudio total a las manchas de la iglesia

De la nube a la realidad

El sistema también mata.Pero nunca lo podemos encarcelar.

Documental Colonia Etchepare

El Amor de una buena Mujer.