Cuando lo peor compite con lo peor.

Por: Marina Morelli Núñez. Para quienes trabajan en la defensa de los derechos humanos de las niñas, adolescentes y mujeres sobrevivientes a diversas formas de violencia, no es un asunto extraño, más bien común encontrarse con respuestas deficientes e inadecuadas por parte de los operadores del sistema estatal. Es usual, que la intervención deje a las víctimas en una situación de aún mayor vulnerabilidad y en ocasiones en riesgo de vida. Luego la catarata de las más variadas formas de justificar lo injustificable. Y así como de la nada surge la competencia de peor con peor. Lo peor podría ser que una adolescente sea víctima de diversas manifestaciones de violencia en el ámbito familiar. Lo peor tal vez sería que profesionales que trabajan con víctimas de violencia sexual no sean capaces de advertir los indicadores, y se enteren cuando las victimas lo ponen en palabras. O lo peor sería que luego de ponerlo en palabras, quienes deben proteger...