Putita y comunista
POR MARIANELLA MORENA Ella se había hecho un tatuaje de la hoz y el martillo en el pecho, sobre el corazón. Se cortó el pelo y se hizo el tatuaje. La conocí en la EMAD. Dulce y guerrera. Futura actriz. Peleadora. En un monólogo en el que trabajamos, ella nos mostró su torso desnudo. Luego se generó una discusión sobre el cuerpo, su uso y entrega, la relación con la herramienta corporal en una actriz. Cuestionaron su elección y su ‘marca’, no por ideología, sino porque a partir de eso ya no podría quedar despojada. Ella se paró y dijo: “Soy putita y comunista”. Lo dijo con tal convicción y orgullo que a todos nos conmovió. Nos miró sin descanso y, como si tuviera un personaje pendiente, comenzó a hablar; no se sabía si aquello era ensayado o espontáneo. La convicción con que defendía su postura era tal que no importaba la procedencia del discurso, si pertenecía a la ficción o a la identidad actoral. Morocha y delgada. Se retuerce antes de hablar, las palabras salen de l...