Para muestra basta un botón.



Por Marina Morelli Núñez.

Hace un par de semanas fui invitada a compartir  la Mesa para la Paz que se instalo en la Plaza de Pan de Azúcar  como innovadora manera de conmemorar el Día Internacional de los Derechos Humanos.  


Colectivice en mi comunidad  la iniciativa. Convencida en la relevancia de una mesa sin sitiales de privilegio, sin discursos, en el cual humanos y humanas en compromiso, lucha y acción     compartirían un espacio, básicamente de reflexión sobre la temática.

¿Como estuvo? Ni idea.

Un día antes me entere que el Dr. Javier Miranda quien tiene a su cargo la elaboración y aplicación de políticas publicas nacionales en materia de derechos humanos, asumió: “Soy un tipo muy DDHH, pero soy machista y homófobo porque es una matriz cultural…” a lo que agrego que “El discurso reivindicativo de la sociedad civil se está haciendo fascista. Si yo soy mujer sólo hablo del tema mujer y no soy capaz de hablar el tema negro…”.

No falto quien me dijera que se trataba de un acto de sinceridad. Y pensé, acaso ¿debería agradecerle porque no se asumió xenófobo?, o quizá deba aceptar sin mas que como defensora de los derechos humanos de las mujeres se me acuse de ‘fascista’. Nada de eso resulta admisible. Sencillamente no alcanza ni tranquiliza que un hombre que asume responsabilidades públicas se limite a ser sincero. Debe ser honesto, y para ello no basta con decir la verdad. Se requiere, además, coherencia como componente básico.  Solo así, la grandeza de dejar espacios a quienes no detenten contradicciones insalvables.

Dado que las verdaderas transformaciones son obras tremendamente colectivas, no me quede en mi pensamiento y emoción, pues resulta evidente que la reacción de la ciudadanía, el ámbito político partidario, la institucionalidad y los movimientos sociales, frecuentemente son indicativos del compromiso asumido. La acción o la omisión dan cuenta de los mecanismos, pactos, estrategias e intereses, en cuya ajenidad ya casi nadie logra escudarse.

Pensé por un momento ¿que hubiera pasado si el Presidente de una Comisión de la Verdad se declara mitómano?, o ¿el responsable de las Finanzas Publicas se asumiera cleptómano?. No implica esfuerzo pensar en los llamados parlamentarios a comisiones y a sala, las declaraciones de ‘persona no grata’ emitidas por los grupos afectados, los representantes de la oposición ocupando minutos en los informativos, y todos exigiendo la responsabilidad política, la renuncia inmediata y el pedido publico de disculpas.

Pero, nada de eso sucede tratándose de machismo y homofobia y derechos humanos de las mujeres.

Nunca mas ‘cerro chato’, ‘penal de libertad’ ni ‘arroyo seco’.  Si de contradicción  patria se trata con la Dirección Nacional de Derechos Humanos del Ministerio de Educación y Cultura y su Director, alcanza, sobra y zozobra.

Y a todo esto,  me quede sin Mesa para la Paz.  Seguramente nadie habrá notado mi ausencia. Sucede que jamás compartiría una mesa de conmemoración de derechos humanos con pederastas, represores, machistas, dictadores, homófobos, abusadores ni racistas. Coherencia personal.



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